viernes, 22 de septiembre de 2017

Amor

Te llamo amor todo el rato y todos los días como si hubiera sido sencillo poder procesarlo. Aun así, no hay palabra más indicada para referirme hacia tu persona, de verdad. Tampoco puedo explicarte qué significa, no puedo agarrar el término y diseccionarlo con fines didácticos. Es simplemente algo que brota desde dentro, un sentimiento profundo e inabarcable que en su expresión más carnal florece en estas dos sílabas, sílabas que no me harto de saborear y regustar. ¿Te das cuenta del tremendo daño que has hecho entre mis esquemas? Fuiste cruel y te instalaste sin piedad alguna en mi epicentro, desechando todo cuanto veías innecesario a tu alrededor. Incluso hoy día, a una distancia considerable, la enfermedad persiste y me recuerda nuestros días de agosto, la calidez de tus abrazos y el terrible roce de tus labios. Me has cambiado, Madrid lo supo antes de conocerme si quiera, porque incluso yo misma sé que estas calles, estos gigantes urbanos que tocan el cielo, este amasijo de culturas tan lejanas a la mía, jamás me habrían removido tanto de no ser por tu enfermedad. Y digo tu enfermedad porque es tuya, lleva tu nombre y tus apellidos, y por las noches también tu olor. De alguna forma me sigo sintiendo como en casa, porque hace tiempo que te agarraste a mis entrañas, y aún te llevo dentro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario