sábado, 24 de septiembre de 2016

Anatomía de un abrazo

Estoy en una especie de carpintería fría y racional, pintando todos estos cerebros de madera fría y racional. Los colores no son aceptados en este trabajo, pero todos me dijeron que este camino es el más largo, el más duro, y por lo tanto, el que más me va a servir. Y no puedo evitarlo, así soy yo, por eso me entretengo pintándolo todo con mis colores, colores que no todos son capaces de ver. La anatomía de los abrazos, las palabras aterciopeladas, los números... tan irónicos, son un caso aparte, pero hay que lidiar con ellos. No he perdido la esperanza, jamás la perderé, quizás sea masoquista. 
Este es mi proyecto sensible, mi gran proyecto sensible, y debo llevarlo a cabo despacio, aunque note que el mundo está demasiado acelerado. Alguien me entregó hace poco el don de sonreír, ojalá supiera quién, porque me ha entregado un mundo. Por eso sonrío, supongo, a todas esas hormigas competitivas que se ríen de cosas que en mi mundo son los pilares de todo cuanto hay. En mi mundo de colores, todos esos pequeños gestos son lo que como y me meto en vena. En mi mundo no te vistes de MANGO: te vistes de lluvia, de primavera, de sonrisas. En mi mundo siento la inquietud de que sepan lo mucho que les quiero aunque en ocasiones no esté bien decirlo, aunque no sea del todo ético. En mi mundo mi corazón se siente lleno cuando alguien me sonríe de manera tierna, y me hace mostrar toda mi timidez. Allí, soy capaz de abrir mi mandíbula hasta límites inhumanos para sentirme plena de verdad, allí mis carcajadas son puras y desvergonzadas, allí salpico todos mis colores. Este es mi pequeño proyecto sensible: mostrar mi mundo a las personas que yo elija. No pretendo cambiar el movimiento de nuestro planeta, solo quiero acompañarlo de música, una música que solo puede compartirse a través de corazones.

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