miércoles, 27 de julio de 2016

Mañana

Sería idiota si creyese que esto lo lee alguien. Supongo que por eso escribo tantas tonterías y tantos desvaríos. Pero está bien, me viene bien escribir, y si no fuese aquí, lo haría en las últimas páginas de algún cuaderno, como siempre. Hay algo que me inquieta, porque según esta cosa, mi blog ha sido visitado 2940 veces. Vamos a dejárselo a Íker Jiménez.

Me suelo quedar pensando últimamente en que quizás lo de estar cerca de la mayoría de edad no es algo tan bueno como lo que parece a los catorce o a los quince. Que quizás aparentar justamente esa edad, no sea tan inconveniente como creía. Que aunque desee irme lejos, llevo a la espalda toda una vida aquí, pero que no tengo por qué guiarme por ella. Que quiero mejorar en muchas cosas demasiado rápido, y tengo que ponerme metas pequeñas. Y da miedo, da mucho miedo porque debo ser la persona con el futuro más incierto de... de al menos todo bachillerato. Una vez leí algo que decía "Las personas más interesantes que conozco no saben qué hacer con sus vidas incluso a los cuarenta años". Bien, eso me dice que soy interesante, ¿pero a qué precio? Preferiría ser una simplona con un oficio de esos que eliges a los tres años, y que intentas alcanzar hasta que lo consigues. Así al menos tendría mis metas más claras. Pero las mías son las metas típicas de un soñador con los pies en la Luna. Metas llenas de sentimiento, superación personal, evolución emocional... Nada que me hable de títulos universitarios. ¿Qué quieres hacer con tu vida? Aprovecharla a fondo, vivirla como la persona que quiero ser y junto a las personas que me quieran de esa forma. Tengo que comer, tengo que trabajar, tengo que dedicar mi tiempo a algo, pero ojalá supiera a qué. Ábreme los ojos, Íker...

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