domingo, 4 de octubre de 2015

Intento volar

Me cortaron las alas, despacio, mientras sonreía, ilusa e inocente. Se tomaron su tiempo en hacerlo, no podían dejar que alejara mis pies del duro, frío y cruel suelo. Empecé a tropezar como una tonta, a llorar por cosas pequeñas, a darme cuenta de que mi vida estaba escrita por manos estrictas que prohibían mi imaginación. Y cuando vi mi cuerpo en el espejo, una carcasa sin alas, vestida de gente corriente y amargada, no pude evitar querer hacer todo lo posible por acabar con aquella repentina pesadilla.
Acabé reuniendo fuerzas de donde no las tenía, y seguí avanzando en mi camino como el soldado que acata órdenes de su superior. Inventé mil espadas, cientos de máscaras, montones de cascos. Sabía que aquella travesía sería muy dura, y que caería en muchas fosas de las que tendría que salir clavando las uñas. Así que me armé bien, caminé con gente gris y sin luz a la que acompañé durante tramos cortos, seguí a los soldados más seguros de sí mismos, que acabaron abandonándome, y al final, en una encrucijada, me vi totalmente sola. Fue entonces cuando eché en falta a mis alas. Mis queridas alas, lo único que me alejaba de la realidad. Y de mi camino.
Entonces, como una idiota, intenté volar, mientras todos los soldados grises me señalaban y se reían de mí. Intentaba volar saltando, tirándome desde sitios altos, haciendo cualquier cosa... Hasta ahora.

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