domingo, 19 de abril de 2015

Cruza, cruza, cruza, eres una mema.

Poco a poco vamos creciendo, y la vida nos muestra puertas que ni si quiera sabíamos que estaban ahí. Pero están. Y si no las abres y pasas de largo de ellas, puede que nunca puedas saber que hay tras ellas. Aun así, solo pido que alguien me agarre la mano antes de que entre en una de esas puertas. Porque si tras una de esas puertas hay un acantilado, estoy bien jodida. Y tengo miedo, mucho miedo. ¿Y si no me gusta lo que veo? ¿Y si me arrepiento? Puede que en estos casos ni si quiera sirva el típico "si no lo intentas, sí que te arrepentirás." Nadie me asegura nada, y creo que nadie correrá a darme la mano por si quedo suspendida en un abismo de adversidades. Quiero tener la certeza de que lo que hago no va a provocarme más inconvenientes de los normales. Me gustaría tener la certeza sobre ello... Pero no puedo tenerla. Puta incertidumbre. Esto ya no es jugar a ser una niña grande, esto es serlo. Y no me gusta... Ya no estoy segura de nada, no tengo la certeza de nada.

¿Puedo confiar en ellos? ¿Puedo llamarme a mí misma algo que no soy? Quizás no lo sé porque no he cruzado la puerta. Soy la última mema que se quedó mirando con curiosidad a través de una cerradura oxidada y vieja, una cerradura que sabe más por cerradura que por estar oxidada. Mientras me quedo sentadita delante de la puerta, los demás van a por palos para pinchar al bicho raro que no quiere cruzar. Para presionarlo, atosigarlo, obligarlo. Confundirlo. Confundirlo hasta que ya no sepa lo que quiere. Pensaría que son crueles si no supiera que lo hacen para salvarme de algo que ni ellos mismos saben bien qué es. Del descontento popular supongo, de miradas de desaprobación quizás. Pero a esas cosas ya no les tengo miedo. Así que seguiré sentadita delante de la maldita puerta como la mema que soy. Seguiré ojeando de vez en cuando la cerradura, y seguiré levantando el dedo corazón cada vez que se me acerquen rebaños de gente con palos afilados. Hasta que venga alguien a sujetarme la mano para no tener la posibilidad de caer si cruzo. Hasta que con muchísima suerte, tenga la certeza de que no sucederá nada malo. Hasta que recupere la seguridad en mí misma. Y hasta que me entere de que esa seguridad está tras la puerta. Espero que me entendáis... 


1 comentario:

  1. Es mejor que no cruces, porque ¿y si hay un abismo detrás? Además a mi tampoco me gusta, tal y como lo planteas. No confíes en ellos porque seguro que te harán daño. Si me necesitas, yo te ayudaré a cruzar y te devolveré la seguridad que necesitas. Al menos, eso espero probablemente me quede
    contigo hojeando la cerradura.

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